Volumen 6 | Número 12 | Marzo - junio 2026 | ISSN: 3006-9912 / ISSN-L: 3006-9912 | Pág. 34 - 44

 

Saber situado y conciencia territorial: perspectiva fenomenológica de la formación gerencial en contextos de crisis

 

Situated Knowledge and Territorial Awareness: A Phenomenological Perspective of Managerial Training in Crisis Contexts

 

Wuilfran José Duque Andara

msc.wjda@gmail.com

https://orcid.org/0009-0005-2730-8800

Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt. Maracaibo, Venezuela

 

Recibido: en enero 05,2026 | Aceptado: en febrero 10,2026 | Arbitrado: en enero 29,2026 | Publicado: en marzo 06,2026

 

https://doi.org/10.62319/concordia.v.6i12.50

RESUMEN

Este artículo analiza la articulación entre el saber situado y la conciencia territorial en la formación del gerente industrial en la UNERMB San Francisco del estado Zulia, Venezuela. Bajo un enfoque cualitativo fenomenológico-hermenéutico, se interpretaron los relatos reflexivos de 25 estudiantes que cursaron la cátedra sociopolítica entre 2023 y 2025. El análisis de sentido permitió identificar cuatro categorías emergentes: saber situado, conciencia territorial, subjetivación crítica y resistencia epistemológica. Los resultados revelan que la formación en contextos de crisis estructural transforma la praxis profesional, adicionando a la racionalidad técnica, la experiencia vivida en un contexto de crisis estructural que incide en la dignificación el conocimiento desde la vivencia local. Se concluye que la educación gerencial desde el Sur debe validarse como un acto ético y político de resistencia. Esta investigación expande la fenomenología social de Schutz hacia dimensiones afectivas y corporales, proponiendo una epistemología territorial capaz de orientar la recuperación socioeconómica desde la soberanía intelectual y colectiva.

Palabras clave: Saber situado; Conciencia territorial; Formación gerencial; Subjetivación; Hermenéutica situada; UNERMB San Francisco.

 

ABSTRACT

This article analyzes the articulation between situated knowledge and territorial awareness in the training of industrial managers at UNERMB San Francisco in Zulia State, Venezuela. Under a qualitative phenomenological-hermeneutic approach, the reflective narratives of 25 students who attended the sociopolitical course between 2023 and 2025 were interpreted. The sense analysis identified four emerging categories: situated knowledge, territorial awareness, critical subjectivation, and epistemological resistance. The results reveal that training in structural crisis contexts transforms professional praxis, adding the lived experience within a structural crisis context to technical rationality, which contributes to the dignification of knowledge from local experiences. It is concluded that managerial education from the South must be validated as an ethical and political act of resistance. This research expands Schutz's social phenomenology toward affective and bodily dimensions, proposing a territorial epistemology capable of guiding socioeconomic recovery through intellectual and collective sovereignty.

Keywords: Situated knowledge; Territorial awareness; Managerial training; Subjectivation; Situated hermeneutics; UNERMB San Francisco

 

INTRODUCCIÓN

La formación profesional en América Latina, y específicamente en Venezuela, atraviesa una crisis estructural que ha transformado las dimensiones materiales y simbólicas de la educación superior. En el estado Zulia, factores como la precarización de servicios y la migración forzada han convertido a la universidad en un enclave de resistencia donde se producen nuevos sentidos frente a la erosión institucional. Bajo esta realidad, la Universidad Nacional Experimental Rafael María Baralt (UNERMB), sede San Francisco, articula la supervivencia académica con la urgencia de construir un saber situado que responda a las necesidades de un territorio en crisis. Esta propuesta se fundamenta en la fenomenología social de Schutz (1974), quien sostiene que el mundo social es una construcción significativa elaborada de forma intersubjetiva, lo que permite validar la experiencia cotidiana como base del conocimiento científico. Así, la universidad deja de ser un espacio de mera instrucción para transformarse en un escenario de producción epistemológica comprometida con su entorno inmediato.

En este marco, la cátedra sociopolítica de la carrera de Gerencia Industrial funciona como un dispositivo de subjetivación que problematiza los modelos administrativos tradicionales para promover un pensamiento crítico en el estudiantado. Este espacio pedagógico busca trascender la transmisión de contenidos técnicos, integrando la ética y la afectividad como ejes centrales de una conciencia territorial coherente con las Epistemologías del Sur (Santos, 2010). Al respecto, la pedagogía crítica de Freire (1970) sustenta esta visión al definir la educación como una práctica de libertad y diálogo, esencial para interpelar racionalidades descontextualizadas. Por lo tanto, la formación del gerente industrial en la UNERMB no se limita a la eficiencia operativa, sino que reivindica la legitimidad de los saberes construidos desde la vivencia y la historia local. Esta base teórica otorga el sustento necesario para comprender la gerencia como una praxis humana profundamente ligada a la realidad sociopolítica del territorio.

El problema abordado se centra en la carencia de una filosofía gerencial crítica que reconozca al sujeto en formación como un ser situado, ético y político. Históricamente, la racionalidad técnica ha invisibilizado la dimensión afectiva de la praxis profesional, privilegiando modelos extranjeros que ignoran las particularidades del contexto latinoamericano. Ante este vacío, surge la necesidad de analizar cómo se articulan el saber situado y la conciencia territorial, visibilizando la emergencia del conocimiento desde la experiencia vivida en escenarios de crisis. La investigación se apoya en la noción de ser-en-el-mundo de Heidegger (2001), permitiendo interpretar la formación como una apertura ontológica donde el sujeto se reconoce en relación con su entorno social. De esta manera, se propone una ruptura con la lógica instrumental para dar paso a una gerencia que asuma la complejidad de su realidad histórica.

La pertinencia de este estudio radica en su aporte a una epistemología territorial que legitima la resistencia como una forma válida de conocimiento. Al ofrecer una mirada fenomenológica, se reconoce la subjetivación como un acto político que constituye al gerente industrial como un actor social clave para la recuperación socioeconómica. Zemelman (2012) refuerza esta idea al plantear que el pensamiento crítico debe abrir horizontes de posibilidad frente a la crisis, reivindicando la historicidad del sujeto latinoamericano. El objetivo central es analizar dicha articulación mediante el estudio de relatos reflexivos en la UNERMB San Francisco, bajo una perspectiva hermenéutica situada. En última instancia, se pretende demostrar que la formación gerencial crítica no solo transforma la praxis, sino que dignifica el acto de conocer como un compromiso ético con el destino del territorio y la reconstrucción del tejido social.

La formación gerencial en el caso UNERMB San Francisco exige un abordaje epistemológico que trascienda la racionalidad técnica dominante y se sitúe en la vivencia concreta de los sujetos. En este sentido, la fenomenología social de Alfred Schutz constituye el eje central de este estudio, al permitir comprender cómo los actores construyen tipificaciones, motivaciones y horizontes de acción en su tránsito por la cátedra sociopolítica. Como afirma Schutz (1974), “el mundo social es una construcción significativa elaborada intersubjetivamente” (p. 32). Investigaciones recientes han retomado esta perspectiva para la educación superior, señalando que la fenomenología social ofrece claves para comprender la subjetividad en procesos formativos complejos (Contreras Colmenares, 2023; Viterbo Sinche-Crispín et al., 2023). Esta subjetividad no es un ente aislado, sino que se nutre del acervo de conocimiento disponible que el estudiante reorganiza frente a la crisis estructural que experimenta en su cotidianidad académica y personal.

La propuesta se nutre también de la pedagogía crítica de Paulo Freire, quien sostiene que la educación es práctica de libertad y diálogo (Freire, 2005). En la cátedra sociopolítica, esta dimensión se expresa en la capacidad de los participantes para interpelar los modelos gerenciales tradicionales y generar nuevas racionalidades formativas desde la afectividad y la conciencia territorial. Estudios recientes confirman la vigencia de este legado: “el pensamiento y acción de Freire constituyen un horizonte para una nueva pedagogía desde el Sur” (Jardilino y Soto Arango, 2020, p. 1080), lo que evidencia que la praxis freireana se actualiza en clave territorial y crítica. No se trata simplemente de una formación técnica en administración, sino de una alfabetización política que permite al gerente industrial leer su realidad y actuar sobre ella para transformarla.

Por su parte, Martin Heidegger aporta la noción de ser-en-el-mundo, al afirmar que el ser humano es siempre un ser-en-el-mundo (Heidegger, 1997). Esta idea permite pensar la formación como apertura ontológica, donde el sujeto se reconoce en relación con un mundo que le otorga sentido. En la formación gerencial situada, esta noción se traduce en la necesidad de comprender al sujeto como ser político y territorial cuya existencia está "arrojada" en un contexto de precariedad institucional que le obliga a redefinir su proyecto de vida profesional. Investigaciones recientes han retomado esta categoría para la educación, mostrando que la fenomenología heideggeriana permite pensar la praxis docente como apertura crítica hacia la realidad social (Chillón Lorenzo, 2018; Rueda Beltrán, 2018). Así, el estudiante de gerencia industrial no solo aprende a gestionar recursos, sino que aprende a gestionar su propia existencia en un mundo compartido.

Ahora bien, Maurice Merleau-Ponty introduce la corporalidad y la percepción como elementos constitutivos del conocimiento. Para este autor, la percepción es constitutiva del conocimiento (Merleau-Ponty, 2006), pues el cuerpo no es un objeto, sino la condición de posibilidad del mundo vivido. En la investigación, esta perspectiva permite reconocer que el saber situado no se limita a lo cognitivo, sino que incluye la afectividad, la memoria y la percepción territorial del estudiante que padece los apagones, la escasez y el calor del Zulia. Investigaciones recientes lo corroboran al establecer que la fenomenología de la percepción apunta hacia una forma de realismo perceptual (Ramírez, 2021), mientras que otros trabajos muestran cómo la presencia del cuerpo transforma la educación crítica (Tusso Molina, 2025). El conocimiento, por tanto es, a manera figurada una "carne" compartida entre el sujeto y su territorio.

Por otro lado y no menos importante, Hugo Zemelman aporta la noción de epistemología situada, al sostener que “el pensamiento crítico latinoamericano debe abrir horizontes de posibilidad frente a la crisis” (Zemelman, 2012). Esta propuesta reivindica la historicidad del sujeto y la necesidad de pensar desde América Latina, rechazando las recetas gerenciales importadas que ignoran la complejidad del Sur Global. Autores recientes coinciden en esta línea al señalar que el pluralismo epistemológico latinoamericano exige reconocer la historicidad del sujeto (López Borges y Díaz Machado, 2022), mientras que otros han desarrollado la idea de una epistemología del presente potencial como horizonte crítico para la educación (Schavino y Villegas González, 2018). Este diálogo entre autores clásicos y contemporáneos fundamenta una gerencia que es, ante todo, una respuesta ética a la realidad.

En conjunto, el diálogo entre Schutz, Freire, Heidegger, Merleau-Ponty y Zemelman, contrastado con autores contemporáneos, permite sostener teóricamente una investigación que no busca describir fenómenos desde fuera, sino comprender la experiencia formativa desde dentro. La fenomenología social aporta la estructura de sentido; la pedagogía crítica introduce el diálogo emancipador; la ontología heideggeriana reconoce la apertura del ser; la fenomenología de la percepción visibiliza la corporalidad y la afectividad; y la epistemología situada reivindica la historicidad del saber. Esta convergencia teórica no solo legitima la subjetividad del estudiante como fuente de conocimiento, sino que cimenta una racionalidad gerencial alternativa capaz de responder éticamente a las demandas de transformación del territorio zuliano.

 

METODOLOGÍA

La investigación se define bajo un enfoque cualitativo con un diseño hermenéutico situado. A diferencia de los modelos descriptivos externos, este estudio se centra en la interpretación de las estructuras de sentido que los formandos construyen desde su vivencia en la UNERMB San Francisco. El grupo de estudio estuvo conformado por 25 estudiantes de la carrera de Gerencia Industrial que cursaron la cátedra sociopolítica entre 2023 y 2025. Los criterios de selección fueron la participación activa en el dispositivo formativo y la disposición para compartir relatos reflexivos sobre su praxis en el contexto de la crisis estructural del estado Zulia.

El análisis de la información se realizó mediante un proceso de codificación y categorización rigurosa, el cual se dividió en tres fases analíticas detalladas: Fase de Reducción: Se transcribieron exhaustivamente los relatos reflexivos escritos y las entrevistas. Se identificaron las unidades de significado o "incidentes" narrativos relacionados con la formación, el territorio y la crisis. Esta fase permitió limpiar el ruido informativo para centrarse en la esencia del fenómeno vivido. Fase de Categorización: En esta etapa, las unidades de significado se agruparon mediante una lógica inductiva en categorías emergentes: saber situado, conciencia territorial, subjetivación y resistencia sobre los cuales se buscaron patrones recurrentes y divergencias en los discursos de los 25 participantes, permitiendo una visión poliédrica del objeto de estudio.

La tercera fase fue la Fase de Integración: donde se establecieron las relaciones dialécticas entre las categorías halladas y el marco teórico propuesto (Schutz, Freire, Zemelman, entre otros). Esta fase de síntesis permitió que emergieran los hallazgos finales no como meros datos, sino como interpretaciones profundas de la realidad pedagógica, de esa realidad que constituye el proceso de enseñanza-aprendizaje, sobre todo esa subjetividad que caracteriza el aprendizaje como como complejo sino también como fenómeno sociológico. Sobre el cual emergió metodológicamente hablando, hallazgos, categorías y una riqueza fenomenológica que nos muestra nuevas maneras de aprender sintiendo, es decir, sujetos sentipensanes.

Para garantizar el rigor científico, se emplearon estrategias de validez cualitativa a saber: la triangulación de técnicas (relatos reflexivos vs entrevistas), la validación con los propios participantes (miembro-checking) y la reflexividad del investigador, manteniendo una vigilancia epistémica constante sobre el rol del docente como parte del fenómeno, asumiendo la implicación no como un sesgo, sino como una condición de posibilidad para la comprensión. Éticamente, se respetó el consentimiento informado, el anonimato mediante seudónimos y el principio de no maleficencia, asegurando una devolución de resultados a la comunidad académica de la UNERMB como gesto de reciprocidad social. Aunque ya se señaló, pero por consideraciones éticas, se enfatiza que la investigación se desarrolló bajo principios de: Consentimiento informado, garantizando la participación libre y voluntaria. Anonimato y confidencialidad, mediante el uso de seudónimos y resguardo seguro de datos.

Se aplicó la No maleficencia, cuidando que la participación no generara daño emocional ni académico. Devolución de resultados, compartiendo hallazgos con los participantes y la comunidad académica como gesto de reciprocidad. Estudios recientes enfatizan que la investigación cualitativa situada debe garantizar reciprocidad y respeto por la voz de los participantes. En síntesis, la metodología situada permite comprender la formación gerencial no como aplicación técnica, sino como experiencia vivida y resignificada en contextos de crisis. El análisis de relatos reflexivos se convierte en vía privilegiada para acceder a las estructuras de sentido que configuran el saber situado y la conciencia territorial en la praxis profesional.

 

RESULTADOS

El análisis de los relatos reflexivos de los formandos de la cátedra sociopolítica, impartida en la UNERMB, sede San Francisco del estado Zulia, Venezuela; permitió identificar un conjunto de categorías emergentes que configuran la experiencia formativa como un proceso de subjetivación crítica; en las que estas categorías se articulan en torno a cuatro ejes centrales: saber situado, conciencia territorial, subjetivación gerencial y resistencia epistemológica. En este sentido, se presentan a continuación los hallazgos principales, acompañados de su interpretación fenomenológica y su contraste con el marco teórico previamente expuesto.

El saber situado como experiencia vivida.

Los relatos reflexivos muestran que el conocimiento no se concibe como un conjunto de contenidos abstractos, sino como experiencia vivida que se construye en interacción con el territorio. De acuerdo con el fenomenólogo social Alfred Schutz (1974), el conocimiento se construye en interacción con el territorio. El autor afirma que “las experiencias vividas se convierten en estructuras de sentido que orientan la acción” (p. 32). Por ello, los estudiantes narran cómo la crisis (apagones, escasez de agua, migración) se convierte en insumo epistemológico. Investigaciones recientes lo corroboran: “el aprendizaje situado constituye una oportunidad para la práctica pedagógica innovadora, crítica y reflexiva” (Cid García y Marcillo Murillo, 2023). El saber situado emerge, entonces, como práctica encarnada que legitima la vivencia como fuente de saber, en coherencia con la fenomenología de la percepción de Merleau-Ponty (2006).

Se evidencio que esta construcción de conocimientos desde el territorio no ocurre de manera aislada, sino que se encuentra profundamente imbricada en las subjetividades de los formandos, quienes resignifican su realidad inmediata a partir de las tensiones propias del entorno zuliano. Al convertir las carencias materiales y las crisis de servicios públicos en objetos de reflexión crítica, los estudiantes logran una ruptura con la abstracción académica, permitiendo que el saber situado actúe como un puente hacia la comprensión de su propio ser-en-el-mundo. Por consiguiente, la articulación entre la vivencia territorial y el proceso formativo trasciende la simple acumulación de datos técnicos, es decir, se transforma en una indagación ontológica donde el sujeto se reconoce como parte de una comunidad en resistencia como lo afirma Merleau-Ponty (2006) en su fenomenología de la percepción.

Es en esta interacción dialéctica donde la formación gerencial adquiere un nuevo espesor, pues deja de ser un ejercicio puramente intelectual para convertirse en una respuesta ética ante la precariedad institucional, sentando las bases para una conciencia que no solo habita el territorio, sino que lo siente y lo transforma más allá de lo técnico, como se evidencia en los relatos vinculándose aprendizaje con corporalidad y afectividad. Los estudiantes expresan que “aprender en medio de la crisis es aprender a resistir”, lo que revela que el saber situado no es solo cognitivo, sino también emocional y político. Esta dimensión confirma que la formación gerencial crítica no puede desvincularse de la experiencia vivida, pues es allí donde se configuran las estructuras de sentido que orientan la acción; contrastándose con los modelos gerenciales tradicionales, que privilegian la eficiencia y la operatividad, el saber situado se presenta como alternativa epistemológica que reconoce la legitimidad de los saberes construidos desde abajo.

Conciencia territorial y afectividad crítica: La conciencia territorial se activa cuando la formación se vincula con la memoria colectiva y la afectividad crítica. Freire (2005) sostiene que “la educación es práctica de libertad y diálogo” (p. 78). Los relatos confirman que la praxis formativa se vive como resistencia frente a la exclusión. Estudios actuales señalan que “la conciencia territorial se construye en la diversidad de experiencias vividas” (Rivera-Sepúlveda et al., 2024), lo que legitima la pluralidad de voces en la formación crítica que desde la perspectiva de la UNERMB es una necesidad irremplazable en la época actual para brindar herramientas epistemológicas que permitan establecer contextos de desarrollo de la capacidad de pensamiento.

De acuerdo con lo anterior, los relatos muestran que la conciencia territorial se activa cuando los estudiantes para reconocer que su formación no es neutra, sino que está atravesada por la crisis estructural. La afectividad crítica se convierte en motor de reflexión, pues permite interpretar la experiencia formativa no solo como transmisión de contenidos, sino como acto de resistencia frente a la exclusión. En este sentido, la conciencia territorial se configura como horizonte ético que orienta la praxis profesional hacia la dignificación del saber y la transformación social, es decir de la capacidad de desarrollo del pensamiento, no solo desde la perspectiva crítica sino también desde la perspectiva epistemológica del ser.

Este hallazgo también revela que la conciencia territorial no es homogénea, es un proceso efervescente, dinámico y pluridimensional que se construye en la diversidad de experiencias vividas, ya que aunque se está en el mismo territorio el impacto de la crisis estructural ha sido gradual y asimétrico. Algunos formandos narran la migración de familiares, otros la precarización de servicios, y otros la resistencia comunitaria. Esta pluralidad confirma que la conciencia territorial es proceso dinámico y colectivo, que se nutre de la memoria y la afectividad, y que se convierte en insumo epistemológico para la formación gerencial crítica.

Subjetivación gerencial crítica: Los relatos evidencian que la cátedra sociopolítica actúa como dispositivo de subjetivación. Heidegger (1997) afirma que “el ser humano es ser-en-el-mundo” (p. 112). Los estudiantes pasan de verse como operadores técnicos a agentes críticos. Investigaciones recientes muestran que “la fenomenología hermenéutica permite pensar la praxis docente como apertura crítica hacia la realidad social” (Rueda Beltrán, 2018), confirmando que la subjetivación gerencial es condición de posibilidad para la transformación social. Los relatos muestran que los estudiantes comienzan a cuestionar su rol profesional, pasando de ser “operadores técnicos” a “agentes críticos”. Esta transición revela que la subjetivación gerencial no es automática, sino proceso de resignificación que implica resistencias, tensiones y aperturas. La cátedra sociopolítica se convierte en espacio de disputa simbólica, donde los formandos negocian entre la lógica instrumental dominante y la apertura hacia nuevas formas de comprender su rol profesional.

Este hallazgo confirma que la subjetivación gerencial crítica es condición de posibilidad para la transformación social. Al reconocerse como sujetos políticos y éticos, los formandos adquieren la capacidad de interpretar su entorno y de proyectar una praxis profesional comprometida con la dignificación del saber, el ejercicio ético de la profesión y la construcción de sus ser-en-el-mundo. La subjetivación se convierte, entonces, en acto epistemológico y político que legitima la formación gerencial situada con la perspectiva de generar un ser social capaz de analizar su entorno no solo desde perspectivas administrativas o gerenciales sino también desde escenarios BANI (Frágil, Ansioso, No lineal e Incomprensible), permitiéndoles no solo adaptarse, sino sobre existir estratégicamente y proponer soluciones éticas.

Resistencia epistemológica como horizonte de sentido: Por último y no menos importante, los relatos muestran que la formación en la cátedra sociopolítica se vive como un acto de resistencia frente a los modelos gerenciales tradicionales. Los formandos narran cómo la crisis territorial no solo constituye un obstáculo, sino que se erige como una condición de posibilidad para la emergencia de nuevas racionalidades formativas.

Este hallazgo confirma la propuesta de Zemelman (2012), quien plantea que el pensamiento crítico latinoamericano debe abrir horizontes de posibilidad frente a la crisis. En este escenario, los estudiantes resignifican su rol profesional como un acto de resistencia, lo cual coincide con planteamientos recientes donde se afirma que el pluralismo epistemológico latinoamericano exige reconocer la historicidad del sujeto como señalan López Borges y Díaz Machado (2022), transformando la educación en un ejercicio de soberanía intelectual colectiva

Esta resistencia epistemológica se expresa concretamente en la capacidad de los formandos para disputar sentidos y resignificar su praxis profesional cotidiana. Los relatos evidencian que dicha resistencia no se limita a una oposición pasiva, sino que se convierte en una práctica creativa que genera nuevas formas de pensar, actuar y gestionar. En este sentido, el proceso se configura como un horizonte de sentido que dignifica el saber local y legitima la construcción de una epistemología del Sur. Autores recientes coinciden: “el pluralismo epistemológico latinoamericano exige reconocer la historicidad del sujeto” (López Borges y Díaz Machado, 2022). De este modo, la formación deja de ser una transferencia técnica para transformarse en un ejercicio de soberanía intelectual, donde el gerente en formación se asume como un actor político capaz de proponer alternativas ante la racionalidad instrumental dominante.

Por todo lo anterior podemos observar que el análisis revela que la resistencia epistemológica no es un fenómeno individual, sino que posee una naturaleza esencialmente colectiva. Los formandos narran experiencias de solidaridad, apoyo comunitario y construcción conjunta de saberes, lo que confirma que la resistencia se vive como una práctica intersubjetiva fundamental. En coherencia con Schutz (1974), esta resistencia se convierte en una estructura de sentido compartida que orienta la acción social y legitima la formación gerencial crítica como una práctica ética y política. Así, el saber situado en la UNERMB San Francisco trasciende el aula para insertarse en la red de afectos y apoyos mutuos que sostienen la vida en el territorio.

 

DISCUSIÓN

Los hallazgos obtenidos en el análisis de relatos reflexivos permiten afirmar que la formación gerencial en la UNERMB San Francisco se configura como un proceso de construcción de saberes situados y de subjetivación crítica. Este resultado confirma la pertinencia de la fenomenología social de Schutz (1974), aunque la tensiona al demostrar que las tipificaciones sociales en contextos de crisis extrema están profundamente impregnadas de una carga afectiva y corporal que la teoría clásica suele omitir. La crisis en el Zulia no es un dato estadístico; es una vivencia que altera la percepción del tiempo y el espacio formativo. La investigación también muestra que las tipificaciones no son únicamente cognitivas, sino que se nutren de la afectividad y la corporalidad, dimensiones que Schutz apenas esboza y que aquí se revelan como centrales.

La conciencia territorial dialoga con la pedagogía de Freire (2005), pero la expande hacia una dimensión geo-referenciada donde el aula es el territorio mismo. La subjetivación hallada confirma que el "ser-en-el-mundo" heideggeriano en Venezuela es, en realidad, un "ser-en-la-crisis". Esta investigación propone, por tanto, una fenomenología política de la gerencia, donde el gerente no busca solo la rentabilidad, sino la dignidad humana. La resistencia epistemológica confirma que el pensamiento de Zemelman (2012) es la ruta para una epistemología del Sur que no solo denuncia la exclusión, sino que produce saberes legítimos desde la vivencia y la resistencia colectiva.

La subjetivación gerencial crítica hallada en los relatos confirma la noción heideggeriana de ser-en-el-mundo (Heidegger, 1997), pues los formandos se reconocen como sujetos políticos y éticos en apertura hacia su mundo. Sin embargo, la investigación aporta un matiz fundamental: la subjetivación no es un proceso abstracto, sino situado en la crisis estructural del Zulia. Esto significa que la apertura ontológica se vive como resistencia, como acto de dignificación del saber en medio de la precarización. En este sentido, la fenomenología hermenéutica se expande hacia una fenomenología política, donde el ser-en-el-mundo se convierte en ser-en-la-crisis.

La resistencia epistemológica identificada en los relatos confirma la propuesta de Zemelman (2012), quien plantea que el pensamiento crítico latinoamericano debe abrir horizontes de posibilidad frente a la crisis. En este sentido, los formandos no solo se oponen a los modelos gerenciales tradicionales, sino que generan nuevas formas de pensar y actuar, lo que revela que la resistencia es también creación. Construyéndose de una epistemología del Sur que no se limita a denunciar la exclusión, sino que produce saberes legítimos desde la vivencia territorial y la afectividad crítica. Se denota entonces, que la investigación no solo confirma las perspectivas teóricas utilizadas, sino que las expande y las tensiona: Schutz se amplía hacia la afectividad; Freire hacia la pluralidad territorial; Heidegger hacia la crisis como apertura; Merleau-Ponty hacia la corporalidad como insumo epistemológico; y Zemelman hacia la resistencia como creación. Este aporte original legitima la formación gerencial situada como práctica ética, política y territorial, para pensar la educación superior en contextos de crisis estructural.

 

CONCLUSIONES

Uno de los aspectos pertinentes que nos deja este estudio es que la formación gerencial en contextos de crisis estructural (como los que se vivieron en el estado Zulia en el periodo 2023-2025) no puede reducirse a la eficiencia técnica; fue por tanto, una experiencia situada y encarnada, es decir, vivida desde el territorio y en el territorio. Este estudio concluye que el saber situado, la conciencia territorial y la resistencia epistemológica son los pilares de una nueva gerencia industrial para el siglo XXI y se propone fortalecer la cátedra sociopolítica como un espacio de soberanía intelectual que vincule permanentemente la academia con las realidades comunitarias; de forma que los formandos futuros, adquieran habilidades de análisis de diferentes entornos. De modo que, Pensar desde el Sur implica validar el conocimiento que nace del dolor y la esperanza de un territorio que se niega a desaparecer, elevando la gerencia al rango de una práctica ética y transformadora de la vida social.

Por otro lado, la investigación aporta a la construcción de una racionalidad gerencial crítica que dignifica el saber cómo acto ético y político. La fenomenología social de Schutz se confirma como marco interpretativo válido, pero se expande hacia dimensiones afectivas y corporales que enriquecen la comprensión del fenómeno. La pedagogía freireana se actualiza en clave territorial, mostrando que el diálogo emancipador se nutre de la pluralidad de experiencias vividas. La ontología heideggeriana

se resignifica en la crisis, revelando que el ser-en-el-mundo es también ser-en-la-resistencia.

La fenomenología de la percepción de Merleau-Ponty legitima la corporalidad como insumo epistemológico, y la epistemología situada de Zemelman se confirma como horizonte crítico para pensar desde América Latina.

Las proyecciones de este estudio son múltiples. En el plano académico, se propone profundizar en la construcción de metodologías hermenéuticas situadas que permitan captar la vivencia encarnada de los sujetos en formación a fin de establecer nuevas posturas teóricas desde El Sur. En el plano institucional, se sugiere fortalecer la cátedra sociopolítica como espacio de resistencia y producción de saberes críticos, ampliando su alcance hacia otras carreras y programas de postgrado. En el plano social, se plantea la necesidad de vincular la formación gerencial con las comunidades, reconociendo que la praxis profesional no puede desvincularse de la realidad territorial porque un gerente vinculado a su comunidad puede integrar estas formas de resolución de problemas y adaptabilidad (propias de escenarios BANI), a su empresa, generando una gestión más robusta, flexible y legítima.

En definitiva, este estudio abre la posibilidad de construir una epistemología territorial que legitime los saberes emergentes del Sur global. Pensar desde el Sur implica reconocer que el conocimiento no es neutro, sino situado, afectivo y político. La formación gerencial como la que se desarrolla en la UNERMB San Francisco, se convierte en práctica de dignificación del saber y en horizonte de transformación social porque asume dos premisas: formación técnica y formación política (entendida esta última como el conjunto de herramientas de análisis sociopolítico que aportan las ciencias políticas a la construcción de un profesional de la gerencia más integral).

Bajo esta premisa, la práctica gerencial no puede desvincularse de las comunidades, pues es en el tejido social donde la racionalidad técnica se humaniza y adquiere su verdadero propósito ético. El gerente industrial, al reconocerse como un actor situado, entiende que la organización no es un ente aislado, sino un nodo de vida territorial; por lo tanto, su gestión debe trascender el indicador financiero para abrazar la soberanía del conocimiento local. En última instancia, esta vinculación comunitaria garantiza que la gerencia sea una fuerza de reconstrucción y esperanza en escenarios de crisis, convirtiendo la formación académica en un ejercicio de soberanía intelectual y compromiso con la vida.

 

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